El acto de mirar se vuelve una experiencia sublime en el silencio de la siesta

Dos veranos. Hugo Cava en Rivoire Marquería + Espacio de Arte desde el viernes 9 de agosto de 2019 hasta el viernes 30 de agosto de 2019.

Dejando atrás el camino ancho de tierra que va al viejo matadero comunal y atravesando el túnel formado por los plátanos frondosos de corteza camuflada que el sol de la siesta penetra manchando la sombra espesa con un sinfín de agujeros de luz, se abre el espacio despejado en donde la casa domina con su geometría de ladrillo recortándose sobre otros plátanos inmensos e inmóviles.
Frente a la casa, delante de la galería, recalentándose por fuera, el horno de barro. Media esfera asentada sobre un prisma recto cuadrangular. Cúpula y base revocadas, blancas, como estructuras primarias instaladas sobre la superficie continua de pasto cortado.



Muy cerca, a trece metros en línea recta, varios volúmenes dispersos se alinean a partir de un diagrama zigzagueante. Cinco bebederos para vacas transformados en maceteros de aromáticas. En uno de los más grandes, formado por medio cilindro de hormigón premoldeado, la menta desborda y llena el aire de estímulos al apenas tocarla, conectando con recuerdos de aromas antiguos.
Detrás de la casa, delimitada al fondo por unos siempre verdes tupidos, la zona de frutales, casi todos cítricos, y entre ellos, tres piezas de carácter temático insertadas en el paisaje a través de una secuencia panorámica variable: dos mandarinos y la pileta redonda de aro inflable con el agua fresca y trasparente recién renovada; un kumquat, dos pomelos y la casita de madera oscura, estilo alpina, escala niños; un naranjo, una lima y la hamaca gemela de metal pintada de amarillo tractor. Y luego, más frutales, casi todos de carozo.



Sobre la esquina suroeste de la casa se destacan dos ventanas de hierro con vidrio repartido ubicadas en ángulo. Desde afuera y a través de ellas, se observa el espacio interior en semipenumbras, aparentemente fresco, solo interrumpido por unos rectángulos de sol proyectados en primer plano sobre unas colchonetas de lona rayada multicolor. En el centro, cerca de la mesa con mantel de hule estampado, dos toallas, una amarilla y otra celeste, reposan oreándose sobre el respaldo del sillón de madera natural con asiento de paja.
Desde estas ventanas, no sólo se ve el interior. Más allá, bloqueada en parte por la cortina de tiras plásticas rojas anti moscas, una gran abertura formada por grandes ventanales corredizos permite de nuevo ver hacia afuera, asegurando la relación de continuidad visual y funcional con el paisaje.
En verano, a pleno sol, las cosas ganan realidad. Cobran una intensidad misteriosa. El acto de mirar se vuelve una experiencia sublime en el silencio de la siesta. Silencio que, abruptamente, es alterado por una bandada de cotorras escandalosas que cruza el cielo, en el que no se avizora ni una sola nube.

Leandro Comba





Del 9 al 30 de agosto de 2019. Rivoire Marquería + Espacio de Arte.

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