FRENESÍ, SÍ, SÍ, SÍ, SÍ, SÍ, SÍ

Frenesí. Marcela Rapallo, Amaya Bouquet, Claudia Facciolo, Tatiana Sandoval, Laura Códega, Andrés Aizicovich en CC Recoleta desde el martes 26 de junio de 2007 hasta el domingo 22 de julio de 2007.

FRENESÍ, SÍ, SÍ, SÍ, SÍ, SÍ, SÍ

La exaltación de su mirada contemporánea parece ser lo que ha unido a estos artistas en la sala 8 del C. C. Recoleta. El espacio se llena de un aire desestructurado y desborda energía. Frenesí.

Marcela Rapallo encuentra en la superposición de capas de papeles translúcidos el recorrido por paisajes que se van diluyendo a la distancia. Como si la percepción se diese por capas que dejan su huella evanescente, y mientras se van perdiendo, uno trata de rescatar esas líneas y mantenerlas aún en el recuerdo.

Andrés Aizicovich aborda telas, pared, ángulo y piso de manera que cada imagen nos cuenta algo de la casa, el bosque, las montañas como paisaje que es leído y releído. La corporeidad de la maqueta se funde con la pintura y más aún con el plano de la pared y se experimenta un clima, tal vez propio del cine y sus montajes, donde un tren aludido por las vías atraviesa una tormentosa noche quién sabe hasta que interioridad humana.

Tatiana Sandoval muestra un conjunto enigmático donde el salto de una imagen a otra invita a reconstruir una trama. Veinte pequeñas imágenes, casi como dibujos acuarelados, se van descubriendo como fotografías impresas sobre la misma madera. Como un álbum de borrosos recuerdos y apariciones que invitan a recomponer una historia entre una niña (o ya mujer) y un extraño personaje de sus sueños.

Amaya Bouquet trabaja sobre la parte del cuadro que habitualmente es invisible: el vidrio. Lo inmediatiza a través de una sorprendente técnica de tallado de cristal generando un efecto de refracción de la luz que transforma en un mundo, lo que es en sí de simpleza absoluta. Sobre un fondo de papel metalizado que unifica ese universo las figuras son una pre-imagen que tiñen la conciencia de un tono espiritual. Iluminado.

Laura Códega. Sus pinturas curvan y quiebran sus límites hasta transformarse. En esa irregularidad del soporte el color estalla y define las nuevas formas de los objetos del mundo. Una tecnología orgánica, o una naturaleza tecnologizada. Lo cierto es que en el mismo momento en que podría reconocerse algo de ese mundo, parece que muta ante nosotros y se resignifica.

Y me detengo en la presentación de Claudia Facciolo. Placebo. Un producto medicinal, una pastilla milagrosa, que en sus varias versiones prometen solucionar nuestros problemas más cruciales. Tomando como base los recursos publicitarios de lanzamiento de un nuevo objeto de consumo, desarrolla el packaging, la cartelería, la vitrina de exhibición donde se muestran en escala aumentada las pastillas incitando el deseo.
Un banner asegura: Todo llega...
Las diversas palabras asignadas y grabadas en cada pastilla parecieran acomodarse a la filosofía: Le damos a la gente lo que la gente quiere.
La estructura profunda de esta obra se da en la manipulación de los mismos mecanismos con que a diario se nos manipula el deseo y se nos crean necesidades.
En pequeña escala, este proceso industrial y de mercado es desmantelado por Claudia Facciolo y nos enfrenta al truco de la sociedad de consumo con sus placebos adormecedores. Con ironía y sensualidad desplaza lo que debería ser producción masiva, al espacio acotado de la sala de arte donde los objetos delatan su manufactura artesanal.
Este corrimiento opera en el espectador llevándolo a recorrer el camino inverso. Lo invita a jugar un poco con la idea de que Under Control Laboratories produzca sus pastillas para la salvación, el trabajo, la suerte, la autoestima, la felicidad, la juventud, la belleza, la confianza, el orgasmo, la paz. Pero se va aclarando en su fantasía desatada que todos estos puntos son patrimonio de la actividad humana esencial que es el vivir. Y renuncia a las comodidades del milagro para asumir su parte en el juego.
Por eso en la obra en su conjunto, resplandece una dimensión ética, promueve la revisión de nuestras conductas de consumo, desenmascara el vacío sobre el que se construye nuestro mundo hipercomunicado. Nos despierta a sospechar que el espacio que dejemos librado a nuestra propia ingenuidad será aprovechado para curarnos de algo de lo que en realidad no estamos enfermos.
Si el placebo es el aparato publicitario que vende la solución ficticia, el remedio se nos presenta aquí: la conciencia alerta.

Seis artistas jóvenes con un lenguaje abierto, para no pasar de largo sin preguntarnos si en la variedad de sus propuestas y en el hecho de que se muestren en conjunto, no se suma un sentido mayor, una preocupación profunda por el estado de existencia del ser humano hoy.

Luis Espinosa

compartir