Segundas partes: Después del final de fiesta

La mañana del mundo. Leopoldo Estol en Ruth Benzacar desde el miércoles 26 de marzo de 2008 hasta el sábado 3 de mayo de 2008.

Cuando Estol muestra Mi primera escultura en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires en el 2007, era relativamente fácil inventariar los objetos, los vestigios del final de la fiesta: un cúmulo de vasos apilados, latas o botellas aplastadas, cajas de cigarrillos, colillas negras; funcionaban como signos que se repetían en busca de un lenguaje que no se podía codificar pero que aún así, se intuía.
Hoy, en medio del más aparente de todos los caos, inventariar el contenido de La mañana del mundo resulta una tarea cuasi titánica. ¡Y está bien! ¡Está perfecto que así sea! ¿Para qué controlar todo? El mañana debe (o debería) ofrecer un abanico de posibilidades inabarcables (¡Alto ahí, Sr. Baldío del futuro!).

Con una mano en la barbilla, en actitud de escultura digna de provocar una verdadera experiencia estética uno se pregunta: ¿qué hacer? ¿barrer con el desorden? ¿ordenar el caos? ¿revolcarse y disfrutar? O tal vez instalarse en la reunión, sumarse al laberinto acotado por el deslímite, disponiéndolo uno mismo a piacere (nadie me dijo si existían limitaciones al respecto).

Algo se pudre, algo perdura ¿qué hora es?
Me siento en la cama frente a la TV: el elefante de Douglas Gordon se muere una y otra vez; un bebé chupa una camarita digital.
¿Me engancho con la tele o voy a ver si llueve? Ah!! ¡Pero si ahora en la tele también llueve! (no tengo necesidad de moverme…).
(pausa)
Brisita y luz… agua, tierra ¿qué pasa si me acerco?, ¿qué pasa si me alejo? ¿Y el fuego?, no encuentro el fuego (ya no es temporada).
Dentro de la inabarcabilidad acotada yo también permanezco, efímera, reflejada en el espejo, nada de lo que veo me trae feos recuerdos, ni yo misma (somos lo que recordamos…).
(pausa)
¿Analógico o digital? ¿qué hora es? De golpe, opto por pasear al ritmo de mitad persona mitad cámara: en actitud cinematográfica; fundido, close up, contrapicado… la exacta anulación de la contemplación. Puro recorrido, puro movimiento… La exaltación del inframince, ¡Sí!! Marcel también está ahí, con todos sus juguetes! (por supuesto, es otro amigo).
(pausa)
Que lindo que se organiza todo… que anarquía tan amigable, tan apaciguante. Embriagadoramente feliz.
Todo muy rico. La próxima, en casa.
Podría decir tanto más…

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