Harte reflexiona sobre la estética de los '90

Brillábamos. Miguel Harte en Ruth Benzacar desde el miércoles 10 de septiembre de 2008 hasta el jueves 30 de octubre de 2008.

La galería Ruth Benzacar presenta en estos días una exposición de Miguel Harte, que literalmente abre las puertas a su extraño universo. El tema de las obras de Harte es la ensoñación y, al ingresar a la muestra, se divisa una pequeña puerta que de inmediato marca el ingreso a su imaginario, a un mundo poblado de seres fantásticos.

El título de la exposición, « Brillábamos», es una nostálgica referencia al pasado tomada de La vida de los insectos», de Víctor Pelevin, donde dos coleópteros elogian la soledad y culminan su diálogo con una humorada: «Brillábamos... hasta que desconectaron la electricidad».

Artista paradigmático de la década del '90, Harte es una figura ineludible del grupo que surgió del Centro Cultural Rojas, con un arte lúdico y despreocupado, destacadamente autorreferencial y a la vez mayormente ajeno al contexto sociopolítico. Su obra proviene del reino de la belleza y la felicidad, reino que amparó a muchos artistas de esa década donde casi no cabía la zozobra. Es en ese contexto de aislamiento casi mágico donde las fantas sías de Harte florecieron, aportando la cuota de ficción que demanda la vida.

Dentro de unas pulidas superficies de fórmica, o en los tersos planos donde el artista logra el acabado del nácar utilizando pinturas industriales, surgieron unas burbujitas diminutas: sus « inclusiones», pequeños universos encapsulados que contenían en su interior una flora y una fauna encantada. A través de los años, esas formas escondidas parecen oscilar según el ánimo del artista: se retrotraen como un microcosmos o se expanden como fascinantes arborescencias barrocas habitadas por criaturas de fábula, mitad insectos y mitad humanos.

En la actual muestra, Harte se presentapor primera vez a sí mismo, y de cuerpo entero, modelado en resina con el aspecto de un bebé regordete prematuramente envejecido. Convertido en un personaje más, arrastra detrás suyo las prodigiosas morfologías surgidas de su imaginación, morfologías que todavía brillan a su alrededor (algunas son tan espléndidas y luminosas como su «Jardín filosófico», una de sus obras emblemáticas).

En «El dominador y sus criaturas», se lo ve a Harte con las riendas de la imaginación en su mano, ejerciendo su poder ante unos cuerpos deformes, de pie sobre las coloridas iridiscencias de un pedestal que, como un helado en el sol, amenaza derretirse.

Si en la década del '90 los artistas buscaron el refugio de sus jardines privados -dicho sea esto en un sentido epicúreo-, las sucesivas crisis del terreno sociopolítico y económico del país arrasaron como un vendaval esos territorios. Hoy, nuestro artista muestra engendros que se aparean en un universo de maravilla y también de espanto.

La expresión «Brillábamos» puede asociarse, además, al ocaso de una tendencia artística opacada por el conceptualismo, el arte político y la abstracción. Si se observa la historia reciente desde esta perspectiva, el arte de Harte cobra la fuerza de su terquedad y, sobre todo, tiene la gran virtud de ser verdadero.

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