Mercancías de sangre

Mulas y Caballos. Adriana Bustos en CC Recoleta desde el viernes 5 de marzo de 2010 hasta el domingo 11 de abril de 2010.

La violencia es inherente al mundo, desde su origen y el de la humanidad. Si bien es una constante, la misma ha ido variando acorde a las necesidades que el progreso tecnológico le demandaba en cada época y lugar. Permitiéndose además, la coexistencia de múltiples expresiones de sí. Su permanencia, encuentra justificaciones y explicaciones, cuya variedad quedaría definida por la línea que divide la visión del mundo entre oriente y occidente. A grandes rasgos, la visión oriental puede resumirse en “todo lo que existe es perceptible a partir de su opuesto”, y la occidental como “a veces es necesaria la violencia para mantener el orden de las cosas”. Lo que aclararía el por qué y el para qué de su constancia, en el tiempo. Sin embargo,siguen sorprendiéndonos cada una de sus manifestaciones, ya sea por reiteradas o innovadoras. Posiblemente, implica que no nos hemos habituado a ella y por lo tanto existe la esperanza, a partir de un trabajo común, que la violencia devenga en algo diferente.
Para Mulas y caballos, Adriana Bustos articula en dos salas paralelas de doble entrada, un recorrido en dirección indistinta y circular. Si “el orden de los factores no altera el producto”, en este caso, la disposición de la muestra admite empezar por la primera sala con obra producida recientemente, o por la segunda, donde se exhibe la realizada luego de la crisis del 2001. Aprovechando esa posibilidad espacial, la artista oriunda de la ciudad de Córdoba, da cuenta de una idéntica forma de violencia originada y acontecida en su provincia, con dos relatos distintos y anacrónicos: la explotación del otro que, llevada a su límite por el explotador, significa la muerte para el explotado.
En la primera sala, se narran distintos aspectos de la historia de la explotación del territorio y de la fuerza animal, para el contrabando en América del Sur, desde el siglo XVI hasta nuestros días. 1) Cómo ha ido variando la materia de enriquecimiento, por parte de quienes detentaban el poder a través del tiempo: granos, metales, piedras preciosas y drogas. 2) Cómo ha ido cambiando de manos ese poder: españoles, portugueses, ingleses, holandeses, y grandes monopolios internacionales. 3) Y cómo se ha mantenido constante la modalidad en el transporte de las mercancías: la tracción a sangre mediada por mulas y mulas-mujeres. En su condición de seres humanos -a diferencia de las mulas- estas mujeres le ponen voz a su historia. Con ella expresan su propio afán de enriquecimiento y deseo, compartiendo así las mismas ansias que las de sus explotadores. Utilizadas como medio de transporte para la droga, son encarceladas y enferman o mueren.
Bustos recurre a dos técnicas diferentes para mostrar la evolución cronológica de la historia. Para el pasado, utiliza mapas físicos en color sepia, como aquellos que se desenrollaban sobre el pizarrón de la escuela primaria. En ellos están marcadas las rutas seguidas por los conquistadores y las del contrabando, nombres y fechas, pequeños retratos que identifican a algunos personajes que remiten a los manuales de la infancia, y dibujos de mulitas con sus cargas. Para el presente, dípticos con fotos digitales a color y en blanco y negro, intervenidas y de gran formato. En cada uno, la foto en blanco y negro muestra una mujer encarcelada sentada de espaldas al espectador, con su nombre de pila; la segunda que completa el díptico es en colores, y cada una presenta un paisaje diferente, esta imagen es reforzada con un par de líneas que cuentan -en cada caso- cuál era el sueño que llevó a cada una de las mujeres a convertirse en mulas.
En la segunda sala, Bustos toma la crisis del 2001 como origen de la legitimación del trabajo de los cartoneros, para señalar a las verdaderas víctimas de la explotación, que este oficio no ha considerado: los caballos. El argumento, parte de la historia presente, por lo que repite el formato de fotografía digital de la primera sala. Distintos retratos ecuestres de tres cuartos -estilo foto documento-, cada uno con el nombre del caballo fotografiado, comparten el comentario que menciona sus muertes por sobre trabajo en la carga de cartón. Otras fotografías los presentan de cuerpo entero, con un telón de fondo artificial que recuerda las serranías cordobesas, hábitat natural del que fueron llevados a la ciudad para trabajar. Aquí la voz está puesta en el video Primavera, nombre de una yegua, a la que se le colocó una cámara sobre su cabeza, para filmar el trayecto urbano realizado durante la noche. El paisaje percibido a través de sus ojos es extraño, agobiante, estremecedor.
Clara y frontal, Adriana Bustos alerta,poniendo la lupa en un lugar, el suyo, como metonimia de lo que sucede en el resto del mundo.

compartir
Con el apoyo de