Contadicción subjetiva

Más grande que una casa, más pequeño que un ratón.. Agustín González Goitía en Rusia desde el jueves 14 de julio de 2011 hasta el sábado 6 de agosto de 2011.

Cuando vi el último trabajo de Agustín,(una mini sala blanca en una sala negra,y en la sala blanca contigua un gigantesco monolito), por razones obvias de escala, me remitió a dos cuentos clásicos de la literatura: Pulgarcito (o Los viajes de Pulgarcito en la versión de los hermanos Grimm) y Los viajes de Gulliver (o Gulliver en el país de los gigantes como se lo traduce en una de sus versiones).

La literatura de viaje se caracteriza por combinar el texto referencial (acercamiento a lo real, a lo objetivo) con uno ficticio (lo general, sin tener vínculo con lo real) [Aristóteles]. Esto quiere decir que, tratándose de texto ficcional, habla de una realidad externa, o de una supuesta realidad externa, objeto del viaje (una expedición, por ejemplo).

Más allá de cualquier debate sobre “lo real” o “lo ficticio” su narrativa permite crear geografías subjetivas a fuerza de estimular desde la imaginación,las percepciones espaciales que aquí son claves.

En ambos casos, en la ficción como en la realidad, Pulgarcito, Gulliver, o cualquiera de nosotros recorriendo las salas, la percepción espacial se ve forzada por un problema de escala. Pero ciertamente, en una crisis en la percepción benjaminiana, la narcotización de los sentidos (anestesia) está totalmente lejos de cualquier consideración para cualquiera de estos personajes. Con una lucidez evidente, se valen de la negociación, la persuasión, incluso la antropofagia, como recursos de superación del medio.

Podemos pensar en la desproporción sensorial (contradicción subjetiva) traducida por una desproporción de escala. Esta desproporción, esta contradicción, esta aproximación de opuestos, es finalmente, el mismo criterio sobre el cual se sostiene el collage (superación de la mímesis, de la naturaleza) y el montaje. En el cine lo fue para Eisenstein, que con El Acorazado Potemkin como ejemplo emblemático, lo define como “rigurosa ley de composición trágica en sus formas más canónicas. Cada toma general es la opuesta a la toma siguiente”.

Si el extrañamiento no es otra cosa que el enfrentamiento con lo contradictorio, arriesgaría a suponer el montaje como su estrategia para su manifestación, si es que en el fondo, no estamos hablando de lo mismo.

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