Un momento barroco en Vórtice

Exit/Salida 5. Ezequiel Verona, Diego Mur en Barraca Vorticista (Vórtice Argentina) desde el martes 8 de noviembre de 2011 hasta el domingo 25 de diciembre de 2011.
El trampantojo es antiguo, pero es en el barroco que cobra una nueva vida. La clave es decirlo todo y dejar mucho por decir; es tanto lo que no se dice que hay que enroscarse, vivir entre los pliegues.

"Exit/Salida" es un proyecto curatorial que Victoria Piazza comenzó en el 2009; ésta es la número 5—y entra en el barroco.

El trampantojo (trompe l’oeil) es muy antiguo, aunque es en el barroco que cobra una nueva vida técnica y conceptual. La clave del barroco es que puedes decirlo todo y aún quedan muchas cosas por decir; o al contrario, es tanto lo que no se puede decir que uno ha de enroscarse de manera que, entre los pliegues, lo que se quiere sea, al menos, atisbable. De ahí la importancia del trampantojo como juego visual para alegorizar estas (im)posibilidades para mostrar o decir.

Diego Mur se interesa por los trampantojos de una manera completamente contemporánea. El juego en perspectiva como forma de aviso de las aperturas que puede tener la realidad, de las que el arte es una llave. En un rincón de la sala pintado de negro hay una foto de un instante reflejado en varios vidrios en una calle; la foto a su vez se refleja en un espejo que surje de la pared en ángulo. Así se crea un juego de profundidades que más que irse por un punto de fuga, parecen acercar las cosas, lo visible, al espectador, abrírselo como un regalo.

En otra pared hay la foto de un hombre de raza negra, vestido a rayas, como un reo. Los ojos han sido recortados y, detrás, hay un espejo. Me acerco y pongo mis ojos donde estarían los del negro. Me cuesta mirar mis ojos y ver al negro a la vez, pero al final, con el movimiento, tengo una extraña sensación de estar en dos lugares a la vez. Muy rara esta apertura al Otro.

Digo que esta muestra es barroca porque si Mur ofrece aperturas, Ezequiel Verona nos cierra el paso. Sobre la pared hay una puerta y una ventana, viejas, gastadas, con las aperturas cerradas con cemento. Como una ceguera, una imposibilidad conceptual, o visual.

En el centro de la sala, varios pies y cabeceras de camas atravesados y unidos por 5 barras de hierro. Como una abreviación violenta de la cama: espacio para descansar, amar, llorar, espacio íntimo donde los haya. Esta escultura, difícil de mirar por su fuerza en la clausura de posibilidades, es como un final infeliz. Como una compuerta que cae y nos deja solos, veo esa desesperación ahí.

Mur abre, Verona cierra, pero en el conjunto, al ver esos dos movimientos ocurrir casi simultáneamente, esta muestra usa la fuerza de ambos artistas para multiplicarla entre sí: de ahí el barroco.

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