Tan Rubia... (parte II)

Almotásim: Un juego de referencias cruzadas. León González, Sandra Gutfraind en Espacio Itaú Cultural desde el miércoles 2 de noviembre de 2011 hasta el jueves 19 de enero de 2012.

De modo que, tal vez, en el contexto de esta muestra, que se llama Almotásim y no “El acercamiento a Almotásim”, el cuento de Borges sea una ficción de ficciones reflejadas entre si, que señalan, al agruparse bajo este nombre, el recorrido personal/compartido/reflejado de dos artistas que parecen diferir en muchas más cosas que en las que coinciden.
Aclaración: La comida también es una estrategia sensual de imposición del poder.
El cuento/ensayo/invento literario de Borges arranca con una critica de una pieza que va a ser reseñada en el texto. Criticas, ediciones, comentarios varios anteceden a la brevísima síntesis de una novela policial de más de diecinueve capítulos que no existe, la cual relata el camino del héroe a la búsqueda del cumplimiento de un objetivo basado en un tipo de pensamiento neoplatónico.
El personaje principal de esta novela se mueve gracias a una autoconvicccion que declara que: “En algún punto de la tierra hay un hombre de quien procede esa claridad: en algún punto de la tierra esta el hombre que es igual a esa claridad”. La búsqueda, entonces se basa en los reflejos del contacto de los hombres con Almotásim (el hombre de la claridad, el hombre que busca el estudiante de derecho), el inmediato antecesor de Almotásim es un librero persa de suma cortesía y felicidad; el que precede a ese librero es un santo...
Un rasgo aislado que Borges nos aporta a modo de pista sobre el tono del relato es que en el capitulo diecinueve aparece un personaje amigo de Almotásim “un contendor que no rebate los sofismas del otro, 'para no tener razón de un modo triunfal'...”
El dialogo que estos artistas establecen con la noción de reflejo, se refleja, precisamente, en la estructura textual del relato borgiano, en donde todo se conoce por medio de indicios que hacen a la vez de pistas y existencia concretas que dan cuenta del nous.
Son fragmentos de relatos-de relatos los que definen las características de objetos, personajes y otros que conforman las pistas del recorrido hasta el encuentro de Almotásim. Seamos sinceros, todos queremos encontrar al hombre que tenga La Claridad que es reflejo de todas las claridades.
En la sala de exhibición, son acercamientos, precisamente, los que se van sucediendo para contar una historia y generar un espacio de re-flexión del ser. El camino de la vida del estudiante de derecho, tal vez encuentre, en el uso que los artistas hacen del relato de Borges, un paralelo con el camino del artista que va coleccionando en su obra todos aquellos pedacitos de luz que le permiten la continuidad de su camino creativo (entendamos creativo en un sentido “creacional” y no tanto “creativístico”).
No podemos negar la cantidad de referencias a detalles de existencia que aparecen tanto en al obra de Sandra como en la de León.
No puedo dejar de pensar que todo este camino de significación que tuve que hacer para poder escribir este texto, incluso haber leído entre tres y cuatro veces el cuento de Borges, se posiciona como punto de partida, espacial/temporalmente en un espacio de exhibición sostenido por un banco internacional ubicado justo en frente del Teatro Colón, sobre la avenida principal de la Capital Federal (este párrafo es sólo un señalamiento).
Entonces, por si tanta información lo ha mareado a usted como a mí misma, a modo de síntesis diría que: tenemos tres nodos (1) un cuento, (2) la obra de Sandra y (3) la obra de León. Estos tres nodos se establecen como partes de una relación triangular (o triádica?). Este triangulo, almacena palabras, piezas artísticas y acciones para la cámara, una red de sentidos muy densa, que, sin embargo, no entorpece la recepción de las obras exhibidas.
Maru, quien hace la visitas guiadas de la muestra, me cuenta que trata de que el publico no se concentre tanto en lo que habrá tratado de decir ese artista, sino que los invita a pensar en las pensamientos que aparecen en el contacto con la obra (algunos de los puntos de la muestra generan un incomodo enredo con las imponentes cabelleras morochas que, a lo Rapunsel, recorren el diseño arquitectónico de la sala y ese es el punto de contacto por excelencia).
Dos preguntas estúpidas que todos nos hacemos: “ese pelo es de verdad?” (jajaja!) “eso se lo comieron?"... pasan por mi cabeza (!)
Me voy a casa tratando de ubicar las obras completas de Borges en mi biblioteca. Las veredas están destruidas, es como si todas las cuadras estuvieran “en obra”, hace calor y la ciudad huele tan mal...
Empiezo a tratar de articular alguna frase que sea el puntapié de este texto... esta linea reflexiva aparece recién ahora...
Las respuestas más simples siempre se esconden detrás de los reflejos de la realidad/real de una vida tan confusa...

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