El cliente siempre tiene la razón

Criaturas. Cecilia Lutufyan en Cultural San Martín desde el miércoles 1 de febrero de 2012 hasta el jueves 1 de marzo de 2012.
Ron Mueck – hiperrealismo de alto impacto – de 20 septiembre hasta 05 de febrero en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, en la Ciudad de México.

Media hora formado en una cola que daba vueltas sobre la manzana anunciaba una exposición espectacular. Toda la publicidad generada al rededor del artista Ron Mueck en los últimos años se hace más presente en México y ahora expone su obra hiperrealista en Antiguo Colegio de San Ildefonso.

Curioso pasar al lado de la plaza mayor con inscripciones de Hernán Cortez y otros conquistadores sobre la grandiosidad de la antigua Tenochtitlán, actual ciudad de México para entrar a la exposición del Australiano Mueck.

De entrada su Mask II, un autoretrato de una cabeza colosal tiene un que de paralelo con las cabezas olmecas. Antes el ritual y homenaje ahora la plasticidad mimética de auto promoción.
“No se deparen en el recurrido” era la frase mas hablada adentro por los guardias, contradiciendo toda la lógica del museo, que pasó del antiguo no tocas para el pos moderno no tardar en ver. Una vez que en cada sala las esculturas se ponían mas pequeñas delante de un público de mas de 50 personas por obra. La velocidad entonces se volvió ley para dar cabo toda la exposición sin que los de afuera no se molesten en aguardar más.
Las obras son de un realismo impresionante, pero. ¿ Qué pasó con el Museo de Cera de la ciudad? Si lo que vemos es la demonstración de un ex técnico de efectos especiales para películas en plasmar con exactitud la realidad, ¿donde se quedó las aspiraciones artísticas tan reclamadas en otras épocas? Miramos a una era del vacío en donde la forma es lo más interesante, basta mirar a otro ícono del visual, Jeff Koons, para ter certeza de eso.

De esta forma la exposición cae como un guante para el Museo, antes un colegio decorado con magníficos murales de Orozco, Rivera y Siqueiros buscando un significado en las artes que promoviera la revolución del hombre, ahora un simple negocio de estatuas casi vivientes. Como si estuviéramos en la calle observando a decenas de personas que disfrazadas ganan la vida inmóviles llamando la atención del transeúnte ordinario que allí pasa ocasionalmente. Se habla mucho en un retorno del real, pero también el regreso de todas formas de hacer arte. Con el exceso tan presente en la ciudad, ¿ cómo crear algo nuevo y del mismo modo interesante?

Así el museo se transforma en un espacio de ocio, mas allá de su preocupación artística o cognitiva. La cultura se vuelve un negocio en la era de la economía creativa, donde cada expresión basada en la creatividad y en derechos de autor debe realizar su propio modo de subsistencia en un mundo marcado por el capital. Corremos el riesgo que los museos se vuelvan espacios de entretenimiento como los parques de diversiones, en donde millares de personas acuden en búsqueda de una sensación efímera que pronto se disipará al salir del recinto. El arte en la era actual ya no pregunta su valor, no más mimesis, no mas rsomantismo ni utopías, simples objetos estéticos que impactan al observador.
Las esculturas en látex, silicona y otros materiales no especificados ganan vida a partir de la pos producción de las mismas, en donde pintadas se vuelven un espejo del real, sin embargo miran abrumadas a un público que no se detiene y gasta en media 10 minutos para recorrer una decena de piezas que juegan con las dimensiones - En la cama (2005) con aproximadamente 7 metros hasta Pareja acurrucada (2007) con cerca de 80 centímetros; y con la disposición espacial, salas claustrofóbicas en donde casi no se cabe la obra y otras tan amplias que la escultura en la pared da la impresión de estarnos perdidos en un mundo del simulacro como A la deriva (2009).

En este mundo de simulación, basta con comparecer a una parecida exposición de arte para ganar status de erudito, de esta forma todos los que no pisaron en un museo en años se complacen en participar de tal ficción. Por una parte es benéfico, ¿no será a través de mecanismos como este que el arte puede volver a tener algún sentido en la sociedad? Convocando a toda la población a entrar al menos en un museo, y a partir de ahí percibir lo que puede alcanzar. Por otro lado el arte institucionalizándose como espectáculo visual no difiere mucho de programas televisivos o carteles publicitarios pegados en la pared, ¿ cual sentido de proponer un espacio ex sacro para tal evento?
La industria cultural se amplifica englobando todos aspectos creativos y ahora resurge como industria creativa, imponiendo una valoración intrínseca en toda creación humana, que para poder proseguir como cultura necesita generar lucro.
De este modo el arte se vuelve un espectáculo de masas que unifica a todos e ya no cobra una especialidad blasé que discernía el apreciador de arte del ciudadano común

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