Afuera, adentro, afuera.

s/t. Marta Parga, Lorena Faccio, Carolina San Martín en Pasaje 17 desde el miércoles 7 de marzo de 2012 hasta el jueves 12 de abril de 2012.

Desde la vereda, frente a la vidriera de la Galería Pasaje 17 puede verse desde el mejor punto de vista una de las obras de Carolina San Martín, una pintura de grandes dimensiones es a la vez un objeto concreto que ocupa un espacio al desdoblarse en una rampa que, sobre el piso, avanza hacia el visitante. Evitando la ortogonalidad, en la tradición Madí a la que la artista pertenece, planos de verde, rosa y gris concéntricos parecen una invitación a ingresar a través de una puerta. Siendo imposible atravesar físicamente ese portal se produce el salto cualitativo, una elevación, e ingresamos ciertamente en un espacio simbólico. Inmediatamente adentro, a modo de contrafigura, del otro lado de la pared otra obra de iguales características ofrece la evidencia de haber traspasado a otra dimensión. El predominio del rojo enmarca planos rosados y blancos que vuelven a sugerir el vano de una abertura y una rampa que se percibe descendente y que nos ha puesto definitivamente adentro. Ascenso y descenso, entrada y salida, la poderosa presencia de esta geometría ordena el mundo y al espíritu humano le ofrece un lugar para centrarse.

Desde esta nueva posición se percibe la dimensión longitudinal de la sala cuyo centro está dominado por las obras de Marta Parga. Tres piezas de un blanco absoluto. En las tres la emergencia corpórea de unas finísimas varillas largas o cortas.
Ciertamente estas púas producen la sensación de una amenaza que contrasta con la claridad de lectura determinada por el blanco de todo el conjunto. Materializan una contradicción que requiere un tercer elemento para ser trascendida. Este elemento ajeno a la estructura interna de la obra es la luz. El foco, como un ojo que comprende, se proyecta sobre las púas arrojando sombras, líneas, elementos inmateriales que quedan sustancialmente constituyendo la composición. Equilibrio y violencia su presencia sacude la conciencia activando el estado de peligro latente en el que habitualmente nuestra vida percibe sus límites. Y es en estas mismas formas donde la conciencia se apoya y se ilumina para dar un salto superador.

Al fondo de la sala a modo de lugar de llegada encontramos la instalación de Lorena Faccio. Un prisma rectangular y un cubo ambos con tres de sus seis caras montados sobre ruedas con las que es posible pensar un desplazamiento, se completan con una cantidad de cuerpos geométricos prismáticos que al modo de un juego de ingenio se acomodan completando el volumen faltante. Estos componentes se caracterizan por ser blandos, de telas de colores primarios y secundarios. El movimiento sugerido lleva a una dimensión lúdica, algunos de los bloques han sido puestos en el piso transformando el espacio rectangular del fondo de la sala en laboratorio de juegos geométricos. Tanto estos trabajos como alguno de las obras anteriores de la artista como La Alfombra Madí, se acercan a los cánones del diseño, bordean la idea de lo utilitario. Y aunque permanecen siendo visibles como obra tienden un puente con lo cotidiano. Se podría convivir con esos objetos modificando en nuestro espacio habitable las posiciones de cada bloque, superponiendo, yuxtaponiendo, deslizando, volviendo a acomodar en el receptáculo como un rompecabezas. Estas ideas que vienen a la mente al mismo tiempo se encuentran proyectadas en un video donde la artista juega con su obra. La toma se hizo desde arriba con lo que el rectángulo real del espacio del suelo ahora se proyecta en la pared, la obra se mueve, se arma o se desarma poniendo al espectador en un lugar de acción, moviendo alguna de las piezas o reconstruyendo mentalmente alguna nueva posibilidad o combinación.

Tal vez no sea posible hablar de estas obras sólo como objetos separados del ambiente. Se involucra también el movimiento del cuerpo del espectador, su recorrido, sus sensaciones, su reflexión. El diseño completo de la muestra produce un diálogo entre las obras y las propuestas de cada artista y si es posible, funcionan estéticamente como un conjunto aún mayor.

El viajero no sabe todavía que ingresará a un espacio transmutado; exterior-interior. El traspaso de la puerta inicial lo investirá de un poder perceptivo. Las amenazas y limitaciones de la propia vida se harán enfrentamiento hacia la mitad de la sala. Al llegar a la profundidad de la experiencia, la dureza se ablandará hasta sentirse como en casa y se renovarán las fuerzas para actuar, para romper la pasividad aletargada de la rutina. En el camino de salida ya los límites y las amenazas se harán transitables y al ascender la rampa de salida se percibirá que el arte ha actuado otra vez potenciando la vida.

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