Carpinteros (PARTE I)

Los Carpinteros. Marco Castillo, Dagoberto Rodríguez en Faena Art Center desde el jueves 17 de mayo de 2012 hasta el domingo 12 de agosto de 2012.
Ni arquitectos ni ingenieros, Carpinteros. Un “gremio” contemporáneo construyendo sentidos

Un avión “atacado” con flechas de madera y plumas. Un sistema de alumbrado público, cuyos postes se entrelazan sobre el piso como raíces de árboles añejos. Casitas de cartón amontonadas en posiciones extrañas en un rincón. Estas tres instalaciones es lo que se identifica a primera vista cuando se ingresa a la Sala Molinos del Faena Arts Center. Enseguida surge un primer interrogante: además de ser las creaciones de los mismos artistas, ¿qué tendrán en común estas tres piezas, en apariencia tan distintas entre sí? Comencemos por “desmenuzar” cada una de ellas para averiguar si podemos encontrar un hilo conductor, algo que las hermane.
Apenas entramos a la sala nos topamos con Aviao y otra vez, de manera inevitable, surgen preguntas: ¿Qué tribu habrá atacado este artefacto aéreo? ¿Qué pasó con su tripulación? ¿Habrán podido escapar del atraco? ¿Habrá caído en medio de la selva por un desperfecto técnico? ¿Qué fue lo que ocurrió? Se nos plantea un gran enigma. Como si estuviéramos ante la escena de un crimen, los objetos que están delante de nosotros denotan un suceso anterior, son el registro de un hecho, tal vez violento, que ocurrió con anterioridad. La primera obra de este conjunto realizado por la dupla de artistas cubanos Marco Castillo y Dagoberto Rodríguez (Los Carpinteros), se trata de un ready made asistido. El avión “Piper Comanche” lo encontraron en un depósito en Brasil. Las flechas de madera y plumas son de diferentes pueblos originarios de dicho país. Cuando reflexionamos sobre la materialidad de cada uno de estos elementos, comienza a aflorar un posible sentido para esta pieza. El avión representa el progreso, lo industrial, el avance técnico y tecnológico. Artefacto por demás simbólico, un invento del hombre moderno que logró desafiar las fuerzas naturales y surcar los cielos. Las flechas, por su parte, remiten a lo manual, a lo artesanal, a un pasado ancestral. Al unir todas las piezas, otra idea emerge: el choque de culturas. Siendo nosotros latinoamericanos la idea de conquista parece ineludible. Pero en esta oportunidad parece que el orden pudo ser subvertido, la “barbarie” derribó al “progreso”.
En Sistema de Alumbrado Público, las luces efectivamente iluminan. De hecho, en ese sector de la sala, aparte de esta instalación, sólo hay un foco de luz que se posa sobre un texto en la pared. Es decir, al contrario del caso que acabamos de examinar (un avión averiado, que suponemos, ya no vuela) estas luminarias sí cumplen su función. Sin embargo, son iluminaciones de exterior. Para ser más específicos, replican un sistema de alumbrado típico de rutas y grandes autopistas, que están iluminando un interior, por ende han sufrido un desplazamiento de su “hábitat natural” y de su destino original. Una vez más la conexión con el concepto de progreso, de desarrollo se presenta ante nosotros. Esta idea también se relaciona con el avance y expansión (casi viral) de las mega-ciudades contemporáneas. Por otra parte, los postes se entrelazan unos con otros, como si pudiéramos espiar, de manera extraordinaria, lo que sucede en el submundo de este sistema vial. Estas torsiones de los postes metálicos, además, crean la ilusión de que pierden su rigidez. Entonces notamos que estos artefactos industriales adquieren forma orgánica. Como si pudiéramos ver las raíces de los árboles unirse bajo la tierra. Aquí se produce otra colisión de sentidos: mega ciudades-naturaleza. El desarrollo humano que invade el medio ambiente.
Por último, cuando comenzamos a observar en detalle, las casas-caja de la tercera instalación, El barrio, enseguida nos damos cuenta de varios aspectos que en un primer acercamiento pudiéramos haber pasado por alto. En primer lugar, apreciamos que son idénticas entre sí, como realizadas con un mismo molde, hay una fuerte idea de módulo y de serialidad en ellas. El cartón es liso, sin pintura, sin marcas y sin “imperfecciones”. La forma de cada casa se consigue plegando el material, como efectivamente se hace con las cajas de cartón. Por otra parte, este amontonamiento a primera impresión azaroso y caótico, luego de observar detalladamente notamos que en realidad responde a una ubicación precisa y estudiada. Cada casa, como si fuera una columna, soporta el peso de las que tiene encima, formando una construcción que parece una especie de gruta. De las tres instalaciones es la única que nos envuelve, que nos permite adentrarnos al menos un poco. En esta ocasión los artistas tomaron la idea de periferia. Toda gran ciudad de Latinoamérica tiene asentamientos precarios a su alrededor. Puntualmente se basaron en los barrios que construía el gobierno cubano en los años 40.

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Libros lentos sobre arte argentino. Editores: Santiago Villanueva y Nicolás Cuello.
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