Si es niña se os perdonará la vida

Si es niña se os perdonará la vida. Sol Ganim, Laura Ojeda Bär, Maria Crimella en Naranja Verde desde el miércoles 10 de octubre de 2012 hasta el martes 30 de octubre de 2012.
Texto escrito por Fernando Sucari para la muestra "Si es niña se os perdonará la vida", de María Crimella, Sol Ganim y Laura Ojeda Bär en Naranja Verde.

Para el mundo de la música grabada, los discos ya no se separan en lados A y lados B. Desde aquellos discos de vinilo de 7 pulgadas de los cincuenta hasta los actuales discos compactos la diferenciación entre ambos lados se fue extinguiendo, dado que las características físicas de los nuevos formatos de grabación ya no incluían lados.

Sin embargo, para Laura Ojeda Bär, María Crimella y Sol Ganim todavía hay lados A y lados B. Ellas son tres pero en su muestra hay seis caras. Una que es la que normalmente nos muestran y otra, nueva, diferente, pero inseparable de la anterior.

Pero veamos, ¿cómo se presentan estos lados B? Pareciera que para mostrarnos estos nuevos aspectos de su trabajo, Laura, María y Sol tuvieron que crear un nuevo ser de contornos indefinidos, un solo cuerpo que albergara tres cabezas. Este novedoso ente nació estallado de imágenes, es una nube hecha de fotografías, bordados, cerámicas y pinturas superpuestos. La otra cara de cada una está fusionada con la de la otra, creando una amalgama, un plano de límites imprecisos e identidades indefinidas. Entonces, ¿cómo saber a quién corresponde qué dentro de este pequeño Frankenstein rebatido?

Una forma circunscribe el caos, una forma da estructura a la sustancia amorfa; la visión de una carne infinita es la visión de los locos, pero si cortase yo la carne en pedazos y los distribuyese a lo largo de los días y según los apetitos, entonces no sería ya la perdición y la locura: sería nuevamente la vida humanizada.
Clarice Lispector. La pasión según G.H.

De su arcón pictórico personal, Laura eligió una serie de fragmentos de los retratos que suele pintar. Un vaso. Una petaca. Un hueso. Una botella de vodka. A este pequeño catálogo de objetos pintados, le suma las fotografías que toma para construir sus retratos. Si sospechábamos que las pinturas de Laura se construían a partir de cierto vínculo afectivo con el retratado, las fotos y los objetos se nos aparecen como una prueba irrefutable, como claros residuos de ese vínculo.
El lado B de Sol, en cambio, tiene una premisa constructiva: si su pintura en general resulta de la superposición y negación de planos representativos y abstractos, el lado B mostrará los objetos aislados, inteligibles, afirmativos. La pintura no se replegará sobre sí misma esta vez. Para alcanzar la imagen final la artista suele atravesar fuerzas encontradas, pero en esta segunda cara la batalla no habrá comenzado aún, simplemente estará ahí de manera latente, posible.
Para María el lado B funciona como una oportunidad para trasladar la narrativa que habitualmente despliega en sus pinturas a nuevos formatos. La violencia subterránea de sus enrarecidas escenas, donde paisajes extraños alojan bordados de animales en actitudes sospechosas, da un nuevo giro al desarrollarse en técnicas generalmente vinculadas con lo decorativo como la cerámica y el bordado. Con estas nuevas piezas la belleza resulta más terrible que nunca.

Pero entonces, ¿qué ocurre con los lados A? Éstos, por un lado, y a diferencia de los anteriores, se nos presentan claramente delimitados y reconocibles. Pero, por el otro, una serie de características los hermanan. Las imágenes se construyen en el doble diálogo de la pintura, donde al mismo tiempo que se busca una calidad representativa (de menor o mayor carácter realista) se realiza una negación de ésta al afirmar la propia calidad de la materia. Así, entonces, al mismo tiempo que Laura, María y Sol empiezan hablando de un amigo, un paisaje visitado o una imagen buscada en Internet, terminan hablando de la pintura misma, del hecho pictórico, del momento en el que trabajan el material. Las diferentes referencias a lo que ven mientras pintan (sea esto una fotografía o su entorno inmediato) siempre dejan un margen de duda, una posibilidad alternativa que deja una presencia en la tela, un desliz que no sólo se elige sino que se celebra. El proceso constructivo de la imagen siempre se resalta, queda evidenciado y deliberadamente inconcluso. Siempre se filtra un gesto, un accidente que impide que la pintura termine de afirmarse como ventana hacia otro mundo. Cuando parece que está por hacerlo, enseguida nos dice que está allí puesta por alguien de una manera determinada.

En este disco, entonces, las canciones se alinean como velos, cada una nos ayuda a comprender mejor a la precedente y se explica mejor por la siguiente. Sin embargo, pensado como un todo, no encontraremos divisiones en tracks en él. ¿Es un disco triple? ¿Una banda de tres integrantes? No, son tres cabezas que tratan de ordenar y conformar un solo cuerpo. De a ratos las voces se superponen y nos cuesta diferenciarlas, lo que es seguro es que entre ellas se entienden bien.

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