El desplazamiento perpetuo

El medano mediano medio que me dió miedo. Alberto Méndez en Casa de Yrurtia desde el viernes 30 de noviembre de 2012 hasta el domingo 30 de diciembre de 2012.

A modo de ensayo íntimo o crónica ficticia, cuya prueba de singularidad lo constituye el título elegido por Méndez para la muestra, este conjunto de obras se asemeja a un divertimento, tanto por su desenfado como por el formato pensado para las mismas. No obstante, esta posible analogía no debe interpretarse como una valoración que subestime el resultado obtenido sino como una de las variantes que un artista puede considerar pertinentes al momento de dar a conocer su producción.

Algo de la inaprensibilidad de los médanos, de su característico desplazamiento pausado y constante se traslada a la experiencia de quien recorre estos trabajos, ya que en esta oportunidad debe duplicar sus esfuerzos dado que además de la observación de las imágenes también debe dar lugar a una atenta lectura de los textos que se encuentran integrados a cada una de ellas. La dinámica intermitencia a la que es sometido el observador-lector hace que el intento de captura de sentidos se convierta en una incursión por terrenos escurridizos que deviene en desafío a hábitos adquiridos.

La razón en que se funda esta experiencia se halla en que Méndez le otorga a la materia gráfica y a las palabras igual importancia y dignidad, no exigiéndoles fundirse para ser una metáfora de la otra. Es más, la operación realizada sobre el lenguaje hace que éste adquiera una atrayente impronta plástica, que podamos percibir que se lo ha trabajado hábilmente como un objeto maleable y dúctil.

En relación, precisamente al modo que es utilizado el lenguaje notamos desde una primera instancia la presencia de un narrador, pero este narrador no es un narrador amable que se subordine a la función de guía, que nos oriente hacia una dirección segura en particular. Al contrario, esta presencia puede llegar a desconcertar o inclusive complicar de manera enriquecedora nuestro recorrido. En algunos ejemplos manifiesta un guiño cómplice, en otros incluye la alusión crítica hacia el propio campo que lo contiene y el reconocimiento hacia compañeros de ruta. El elemento unificador en todos ellos es el humor teñido de agudeza, justo y preciso.

La desarticulación y rearticulación de los elementos gráficos y lingüísticos en un juego que parece no detenerse jamás hacen de El médano mediano medio que me dio miedo un ejercicio que permite desplazarnos no sobre certezas sino sobre significados nómades.

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