Color, aquí, ahora

Línea de flotación. Valeria Traversa en Casa de Yrurtia desde el miércoles 5 de diciembre de 2012 hasta el sábado 5 de enero de 2013.
Costumbres, recuerdos, caminos neuronales marcados por la costumbre. Pero el agua, el color, una inundación breve y festiva de manchas, les ha pasado por encima.

La muestra es pequeña; apenas cubre dos paredes del zaguán que conduce al patio de la vieja casona del escultor Yrurtia, en Belgrano. Y al parecer, es simple: unas manchas de color de un lado, unas rayas de color del otro. Los colores son vivos, vibrantes, con esa transparencia que es una de las felicidades que traen a la vida las acuarelas.

Las manchas de color flotan encima de unos dibujos más bien geométricos, restos de figuras, hechos casi con regla, con moldes. Los planes que vamos haciendo, los cálculos, las certezas, se van descolocando. No se descomponen, quedan por ahí, por debajo, como recuerdos, caminos neuronales marcados por la costumbre. Pero el agua, el color, una inundación breve y festiva de manchas, les ha pasado por encima. Hay alegría aquí: hemos vivido, seguimos viviendo: lo preestablecido, lo acordado con anterioridad, lo formal, lo legal, el GPS de nuestras vidas diarias, se irán borrando. Queda el momento, y el momento se compone de estos colores y aguas, estos aires festivos, su danza que no tiene un más allá. Estamos en el aquí y ahora.

Enfrente, las mismas acuarelas, los mismos colores festivos, pero en rayas verticales, una junto a la otra, un papel de rayas junto a otro, por encima o por debajo de otro. Cuando veo rayas verticales, pienso en la cárcel, en algunas camisas que uso, aunque no me gusten. Sin embargo, los colores que ha elegido Valeria, el orden en el que aparecen, incluso sin un orden cromático estricto, alineados casi caprichosamente, me devuelven a la alegría de antes. Aquí no hay resaca, ni de la danza, ni de otro tiempo. Hay continuidad bajo un orden distinto. Como si la felicidad de aquella fiesta se hubiera vuelto alegría al recordarla. ¿Falta añadir que el recuerdo tiende a lo selectivo, al orden, a querer establecer una linealidad, una causalidad?

Debo decir que esta pequeña muestra me sorprendió. Siempre me han gustado los dibujos de Valeria. Recuerdo otros más dramáticos, siempre abstractos, pero con líneas cortadas, zigzaguantes, en todas direcciones. Aquí hay otra cosa, una calma alegre: el uso del color; y si no el uso, el dejarse llevar por él, como por la dicha infantil (que aún siento) ante una caja de lápices de colores. No estaba de buen humor cuando fui a la inauguración, pero me dejé llevar por los colores: dejé que me elevaran en su principio del verano, en su final del verano.

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