Reconstrucciones espaciales que nos rescatan del olvido

Templar. Luz Peuscovich en Acéfala desde el jueves 7 de julio de 2016 hasta el domingo 7 de agosto de 2016.

El 7 de julio se inauguró la muestra Templar de Luz Peuscovich en la Galería Acéfala, siendo el resultado final de un recorrido por las tierras de Neuquén, Catamarca y Buenos Aires con escalas internacionales en Panamá y Uruguay.

Esta contó con la colaboración y aportes de diferentes entidades como la Cooperativa de Neuquén, la productora uruguaya Malabrigo, los estudiantes de Integra Escuela de Pablo Giménez (quienes se encargaron de transportar a Buenos Aires algunas de las lanas utilizada en las obras) y la Escuela provincial de Artesanías n33 de Catamarca, bajo la dirección de Hugo Domínguez.



La exposición como proyecto colectivo producido por las hermanas Echevarría, dueñas de Acéfalas, está conformada por tres obras: Templar (instalación-habitáculo) ubicado en la sala de entrada, Semillas (esculturas tejidas) en el subsuelo, y Los bichos (performance con trajes/disfraces) que se llevó a cabo el jueves 14 del mismo mes por dos performers.

Todo comenzó a fines del 2015, año en el que inaugura la Galería Acéfala en Palermo con la prioridad de abrir sus puertas a los artistas emergentes, teniendo como objetivo el ser una plataforma de acción que fomente la exploración e investigación de diversos lenguajes y disciplinas.

Este espacio de tres pisos sobre Niceto Vega, creado y gestionado por las hermanas porteñas Bárbara y Sol Echevarría, busca con Templar establecer un vínculo entre dos mundos, el textil y el artístico, a través de colaboraciones e ideas que pongan en marcha un proyecto que descentralice y enriquezca el panorama cultural nacional.

Por eso mismo, contando ya con tres muestras, Acéfala se embarca en este recorrido donde, además de producirlo, acompaña las diversas etapas por las que pasó el proceso creativo hasta llegar a convertirse en la muestra que hoy en día se encuentra montada.

Templar, parte de una inspiración. Motivada por las circunstancias y vivencias que experimentó la artista en su residencia en la comunidad Guna Yala en la isla de Caledonia de Panamá, desarrolla esta propuesta dividida en periodos que van desde la esquila, el tejido, el hilado hasta su última instancia, la construcción de estas estructuras y objetos orgánicos, textiles y autóctonos.

Lo interesante de la muestra no es solo las obras en sí que atraen como una suerte de punción desde su estética hasta el trabajo minucioso o mismo el fuerte simbolismo de su materialidad, sino las múltiples historias que se forjan en el camino, "habla del proceso más que del resultado" tal y como afirma Paz Peuscovich.

Estas historias muchas veces son las que construyen el aura que rodea la obra, invadiendo el espacio en el que se encuentra. Ellas conforman un relato de introspección, voluntad, esmero y creación.

Habla sobre esa sensación que se despierta al recorrer las salas, en las que aflora un tejido de símbolos, dejando al desnudo una estructura evocativa y referencial en cuanto a las “diferentes necesidades de la conciencia humana”, palabras de su página personal.

Estas estructuras con esencia comuna, de caña, lanas de color hueso interceptadas por colores étnicos, son recogidas para que la artista termine construyendo “espacialidades para que el cuerpo experimente sensaciones que logran despertar una conexión con la naturaleza”, con lo orgánico, lo efímero y reciclado de la vida.

Luz trabaja a través de las experiencias, de la convivencia con lo que desea interpelar y mostrar. Investiga territorios, sus comunidades y cultura, cambia de contexto los objetos que va recolectado y transformando, para así crear diversos sentidos.

Estos materiales recolectados de cada suelo hilvanan tradiciones, situaciones y, una relación inconsciente entre la naturaleza y el hombre, que deviene en memoria atesorada o pérdida, una memoria a partir de la resurrección de lazos vitales.

Todo devenir de ideas, emociones y lo mistérico de su construcción, despierta la curiosidad del que dialoga con cada pieza. En ellas podemos observar un discurso matriarcal, una nota de color hacia lo ancestral, la fauna y la flora, como también los colores que se avecinan y se instalan.

Se trata de un mundo naturalmente idílico, salvaje y hasta chamánico, su discurso lleva la marca de un doble que opera sobre la belleza ocultando debajo de él, a esa seducción que invade peligrosamente los límites del imaginario.

El escritor y dramaturgo francés Jean Francois Marmontel decía que “El vigor del alma, como el del cuerpo, es fruto de la templanza.”

Ese vigor y paciencia inmutable, esos valores que comprenden un viaje hacia el interior gracias a las pocas o bastante ocasiones en las que podemos mantener la templanza, son el fruto de levantarse ante la vorágine y la verborragia urbana, despertar o “reconectar”, como diría la artista, con el origen y lo natural. Rescatar ese algo que con el paso del tiempo se nos ha olvidado.

La muestra se podrá visitar hasta el 11 de agosto del 2016.

Acéfala
Niceto Vega 4754
CABA
contacto@acefalagaleria.com

compartir
Con el apoyo de