Oro y amor en la encendida noche | Nacho Marciano en Pasto

Oro y amor en la noche encendida
Nacho Marciano

La verdadera fiesta sucede cuando hay un despojamiento de la identidad. La danza y las sustancias buscan vértigo. El vértigo es un olvido o descentramiento del yo y de sus relaciones normales con el espacio y el tiempo, de sus distancias con los otros cuerpos.

La discoteca es un género de fiesta donde el vértigo se logra por música atronadora, luces (con funciones especiales) y drogas.

En la disco se refuerza un supuesto yo duro, inamovible, trabado.

La fiesta tiene que ver con quebrar la identidad. El alcohol o las drogas y el baile: juntar cuerpos. Vértigo. Olvidar quién es uno. Ser otro. Circulación de identidades. Hacer locuras.

Roberto Jacoby
(Fragmento extraído de sus diarios íntimos)





(Des)empolvando la noche

Las décadas de los noventa y dos mil en Buenos Aires configuran un espacio nuevo, donde los lugares
de encuentro son clave para la experimentación y la libertad. La nocturnidad es ley: en El Dorado, en El Morocco, en Ave Porco se visibilizan los cuerpos: se hace manifiesto el deseo; las pupilas se dilatan y las miradas se congelan; el baile es un acting de seducción en función de un levante explícito, sin vueltas; los baños se transforman en anónimos locutorios de fugaces encuentros.

Y eso es solo el comienzo. Los parques, las plazas, los bosques: cuerpos escurridizos; fantasmas que
emiten sonidos claramente reconocibles; arbustos misteriosamente en movimiento.
Nacho Marciano hace de su experiencia personal y artística un catálogo vivo de esa gloriosa época.

Como el flaneur de Walter Benjamin que recorre París extasiado en la modernidad, Nacho se interna en su propio Viaje al fin de la noche, donde lugares como El Roxy, Dr Jekill, una rave en Parque Sarmiento o un recital de rock en el estadio de Ferrocarril Oeste son retratados con toda su luz; con toda su mística. Paseante nocturno a la búsqueda de nuevos sentidos, el vagar sin rumbo por lugares hoy imposibles de encontrar en los mapas es la materialización de la libertad; y justamente esa
materialización es la que produce obra plástica. La acumulación de detalles, los contrastes de luz y
sombra, atestada de brillos ácidos y radiantes; y el calor potente y a la vez frágil de los cuerpos que
vibran solo esa noche: su obra es la contracara de aquello que entendemos como un mal viaje.

Hay placer, hedonismo, calor y color. Casi que nos invita a bailar; a asomarnos, como voyeurs, a esos
parques en penumbras solo iluminados por alguna luz sospechosa. A hacer de la obra, goce.

Roberto Papateodosio




Hasta el domingo 10 de octubre de 2021 en Pasto (Av. Paseo Colón 1490 - CABA)












por <oculto> , 17 de Septiembre de 2021
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